Inflamación y comunicación cerebro-cuerpo
La inflamación persistente representa otro vínculo entre la salud física y mental. En algunos pacientes con depresión, ansiedad o deterioro cognitivo se han encontrado niveles elevados de marcadores inflamatorios como la interleucina 6, el TNF-α y la proteína C reactiva.
Estas sustancias pueden modificar la neurotransmisión, el metabolismo cerebral y la comunicación entre las neuronas, contribuyendo a síntomas como fatiga, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño y pérdida de motivación.
El intestino también participa en este proceso. El estrés puede modificar la microbiota y aumentar la permeabilidad intestinal, favoreciendo respuestas inflamatorias que influyen en el cerebro. No obstante, la microbiota es solamente una parte de una red compleja y no explica por sí sola los trastornos mentales.

Neuroplasticidad y capacidad de adaptación
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y el tratamiento. En este proceso participa el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína relacionada con la supervivencia neuronal, la memoria y la formación de nuevas conexiones.
El estrés crónico y la inflamación pueden alterar la actividad del BDNF y limitar la plasticidad cerebral. En contraste, el ejercicio, el sueño adecuado, la psicoterapia, la estimulación cognitiva y determinados tratamientos farmacológicos pueden favorecer la adaptación del cerebro.
Un tratamiento integral
La salud mental debe evaluarse junto con el estado físico del paciente. Un abordaje integral puede combinar psicoterapia, tratamiento farmacológico, ejercicio, nutrición, atención del sueño, manejo del estrés y control de las enfermedades médicas coexistentes.
Mente y cuerpo no son sistemas separados, sino componentes de un mismo organismo. Comprender su interacción permite ofrecer tratamientos más completos, preventivos y personalizados.

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La salud mental y la salud física no funcionan por separado. El cerebro, las hormonas, el sistema inmunitario y el resto del organismo mantienen una comunicación constante.
El estrés prolongado puede alterar la liberación de cortisol, favorecer procesos inflamatorios y afectar la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para adaptarse y formar nuevas conexiones. Esto puede influir en el sueño, la concentración, la energía, la motivación y el estado de ánimo.
La relación también funciona en sentido contrario: una enfermedad física puede afectar nuestras emociones, pensamientos y conducta.
Por eso, cuidar la salud mental implica adoptar una visión integral que puede incluir psicoterapia, tratamiento médico, ejercicio, nutrición adecuada, descanso y manejo del estrés.
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DIA DE CONCIENTIZACIÓN DEL TDAH, 13 DE OCTUBRE
Disfunción ejecutiva en el TDAH: cuando saber qué hacer no es suficiente
La disfunción ejecutiva es una de las dificultades cognitivas más frecuentes en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Afecta las habilidades que permiten organizarse, administrar el tiempo, controlar impulsos, mantener información en mente y dirigir la conducta hacia una meta.
Sin embargo, no todas las personas con TDAH presentan el mismo perfil. Algunas tienen dificultades en varias funciones ejecutivas, otras solo en áreas específicas y algunas no muestran alteraciones detectables en las pruebas neuropsicológicas. Por ello, la disfunción ejecutiva es una característica asociada al TDAH, pero no es indispensable para establecer el diagnóstico ni exclusiva de este trastorno.

¿Cómo se manifiesta?
Las funciones ejecutivas que suelen verse comprometidas incluyen la memoria de trabajo, la inhibición de respuestas, la planificación, la organización y la flexibilidad cognitiva.
En la vida cotidiana, estas dificultades pueden traducirse en:
- Procrastinar o tener problemas para iniciar tareas.
- Comenzar actividades y dejarlas incompletas.
- Perder objetos con frecuencia.
- Calcular mal el tiempo disponible.
- Olvidar instrucciones o compromisos.
- Dificultad para seguir varios pasos consecutivos.
- Actuar impulsivamente o frustrarse ante los cambios.
La disfunción ejecutiva parece relacionarse especialmente con la inatención, la desorganización y los olvidos. Otros componentes vinculados con la motivación y la regulación emocional pueden contribuir a la impulsividad y a la dificultad para esperar recompensas. No obstante, estas relaciones son asociaciones: todavía no existe un único mecanismo capaz de explicar todos los síntomas del TDAH.

Cambios a lo largo de la vida
La expresión de estas dificultades varía según las exigencias de cada etapa. En la infancia suelen afectar el rendimiento escolar, el seguimiento de instrucciones y la convivencia. Durante la adolescencia pueden interferir con la autonomía, la planificación académica y la toma de decisiones.
En los adultos, el impacto suele observarse en la puntualidad, la productividad laboral, las finanzas y la organización del hogar. En edades mayores también deben considerarse enfermedades vasculares, trastornos del sueño y otras condiciones capaces de afectar el funcionamiento cognitivo.
¿Cómo se evalúa?
El diagnóstico del TDAH es clínico. No existe una prueba neuropsicológica que, por sí sola, pueda confirmarlo o descartarlo.
La evaluación debe integrar la historia de los síntomas, su presencia desde etapas tempranas, su aparición en distintos contextos y el deterioro que producen. Cuestionarios como el BRIEF ayudan a conocer el funcionamiento ejecutivo en situaciones reales. Pruebas como Digit Span, Stroop o Trail Making Test pueden caracterizar áreas específicas, pero sus resultados siempre deben interpretarse dentro del contexto clínico.
También es necesario descartar condiciones que pueden generar síntomas similares o intensificarlos, entre ellas ansiedad, depresión, trastorno bipolar, autismo, consumo de sustancias, problemas de sueño y enfermedades médicas.
Más allá de la falta de voluntad
La disfunción ejecutiva no significa flojera, irresponsabilidad o falta de inteligencia. Con frecuencia, la persona sabe lo que debe hacer, pero tiene dificultades para convertir esa intención en una acción organizada y sostenida.
Reconocer este problema permite diseñar intervenciones más precisas. El tratamiento puede combinar medicamentos, psicoterapia, entrenamiento en organización, recordatorios externos, división de tareas y modificaciones del entorno. El objetivo no es únicamente reducir los síntomas, sino facilitar un funcionamiento más estable en la vida cotidiana.

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En el TDAH, saber qué hacer no siempre significa poder hacerlo.
La disfunción ejecutiva puede dificultar iniciar y terminar tareas, organizarse, administrar el tiempo, recordar instrucciones y controlar impulsos.
No es flojera, irresponsabilidad ni falta de inteligencia. Es una dificultad real que puede afectar la escuela, el trabajo y la vida cotidiana.
Una evaluación adecuada y un tratamiento personalizado pueden ayudar a convertir la intención en acción.
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DIA MUNDIAL DEL EVENTO VASCULAR CEREBRAL, 29 DE OCTUBRE
EVC: reconocer los síntomas a tiempo puede salvar una vida
Un evento vascular cerebral (EVC) ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro o cuando un vaso cerebral se rompe. En ambos casos, el tejido cerebral puede dañarse rápidamente. Por eso, reconocer los síntomas y solicitar atención médica inmediata puede reducir el riesgo de discapacidad y muerte.
La mayoría de los EVC comienza de forma repentina. Para identificar sus principales señales de alarma puede utilizarse la estrategia BE-FAST.

¿Qué significa BE-FAST?
- B — Balance o equilibrio: pérdida repentina del equilibrio, mareo intenso o dificultad para caminar.
- E — Eyes u ojos: pérdida súbita de la visión, visión doble o visión borrosa.
- F — Face o cara: caída o asimetría de un lado de la cara. Puede notarse al pedirle a la persona que sonría.
- A — Arm o brazo: debilidad o adormecimiento repentino de un brazo. Al levantar ambos brazos, uno puede caer o no mantenerse elevado.
- S — Speech o habla: dificultad para hablar, palabras arrastradas, lenguaje incoherente o problemas para comprender.
- T — Time o tiempo: si aparece cualquiera de estos signos, es momento de llamar inmediatamente a emergencias.
Las letras B y E se añadieron a la estrategia FAST original porque algunos EVC no producen la debilidad facial, del brazo o las alteraciones del habla más conocidas. Cuando se afecta la circulación posterior del cerebro, los síntomas pueden presentarse principalmente como desequilibrio, vértigo incapacitante, dificultad para caminar, visión doble o pérdida visual.

Otros síntomas que no deben ignorarse
También pueden aparecer confusión repentina, adormecimiento de un lado del cuerpo, dificultad para coordinar movimientos, problemas para tragar, alteración del estado de conciencia o un dolor de cabeza súbito y muy intenso sin una causa conocida.
Un mareo aislado no siempre significa que exista un EVC. Sin embargo, si comienza bruscamente, es muy intenso o se acompaña de dificultad para caminar, visión doble, debilidad, alteraciones del habla u otro signo neurológico, debe considerarse una urgencia.
Aunque los síntomas sean leves o desaparezcan después de algunos minutos, es necesario solicitar atención inmediata. Esto puede corresponder a un ataque isquémico transitorio, el cual constituye una advertencia de que existe riesgo de presentar un EVC.
¿Qué hacer ante la sospecha de un EVC?
Ante cualquiera de estos signos:
- Llama inmediatamente al 911.
- Anota la hora en que comenzaron los síntomas o la última vez que la persona fue vista sin alteraciones.
- No esperes a que los síntomas desaparezcan.
- No le des alimentos, bebidas ni medicamentos, incluida aspirina.
- Mantén a la persona en un lugar seguro y vigila su respiración y nivel de conciencia.
La hora de inicio es indispensable para determinar qué tratamientos pueden utilizarse. En algunos pacientes es posible administrar medicamentos para disolver un coágulo o realizar un procedimiento para retirarlo, pero su eficacia depende en gran medida del tiempo transcurrido y de la valoración hospitalaria.
Ante un EVC, cada minuto cuenta. Reconocer los síntomas con BE-FAST y llamar inmediatamente a emergencias puede proteger el cerebro, disminuir las secuelas y salvar una vida.

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EVC: reconocerlo a tiempo puede salvar una vida
Recuerda la estrategia BE-FAST:
B — Pérdida del equilibrio
E — Cambios repentinos en la visión
F — Caída de un lado de la cara
A — Debilidad o adormecimiento de un brazo
S — Dificultad para hablar o comprender
T — Tiempo de llamar inmediatamente al 911
Los síntomas suelen aparecer de forma súbita. Aunque sean leves o desaparezcan después de unos minutos, no deben ignorarse.
Anota la hora de inicio y no des alimentos, bebidas ni medicamentos. Cada minuto cuenta para proteger el cerebro y reducir las secuelas.
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