En términos de discapacidad, superan a múltiples categorías como enfermedades infecciosas, respiratorias y muchas crónicas no transmisibles. Los trastornos que más contribuyen a esta carga son la depresión mayor, los trastornos de ansiedad, la esquizofrenia y el trastorno bipolar. En población joven predominan la depresión y la ansiedad, mientras que en varones jóvenes destacan los trastornos por uso de sustancias y de la conducta.
Una característica clave es que su impacto se explica principalmente por discapacidad (YLDs) más que por mortalidad (YLLs). Es decir, no suelen causar muerte directa, pero sí afectan de forma sostenida el funcionamiento y la calidad de vida. Excepciones incluyen los trastornos de la conducta alimentaria y los trastornos por uso de sustancias, donde la mortalidad tiene mayor peso.
Existen diferencias claras por edad, sexo y región: la mayor carga ocurre entre los 15–49 años; en mujeres predominan depresión, ansiedad y trastornos alimentarios, mientras que en hombres predominan los trastornos por uso de sustancias; y la prevalencia es mayor en países con alto índice sociodemográfico (SDI).
Estos hallazgos refuerzan que la salud mental es una prioridad sanitaria global, con un impacto funcional que supera muchas enfermedades “clásicas” y concentrado en etapas productivas de la vida. La carga predominantemente por discapacidad subraya la necesidad de diagnóstico oportuno, tratamiento sostenido, intervenciones efectivas y estrategias de prevención, especialmente en población joven.