Subrepresentación y falta de análisis por sexo
Históricamente, muchas mujeres fueron excluidas o infrarrepresentadas en estudios clínicos, particularmente en fases tempranas de investigación farmacológica. Aun cuando se incluyeron ambos sexos, con frecuencia los resultados no se analizaron ni reportaron de forma estratificada, lo que impidió identificar diferencias relevantes en:
- Prevalencia
- Manifestación clínica
- Biomarcadores diagnósticos
- Respuesta terapéutica
Esta omisión ha sido particularmente problemática en trastornos como la depresión, la enfermedad de Alzheimer y la esclerosis múltiple, que muestran mayor prevalencia en mujeres y posibles diferencias fisiopatológicas y terapéuticas.
Sesgo en modelos preclínicos
El sesgo no se limita al ámbito clínico. En investigación preclínica, ha predominado el uso de modelos animales masculinos, bajo la premisa —hoy cuestionada— de que las hembras introducen mayor variabilidad debido a las fluctuaciones hormonales.
Esta práctica ha generado una comprensión incompleta de los mecanismos fisiopatológicos y de la respuesta a tratamientos en el sexo femenino. Incluso cuando ambos sexos son incluidos, es frecuente que los datos no se analicen por separado, invisibilizando posibles diferencias biológicas significativas.
Impacto en la validez externa y la medicina personalizada
La exclusión o infrarrepresentación de mujeres afecta directamente la validez externa de los ensayos clínicos. Las conclusiones derivadas de muestras predominantemente masculinas pueden no ser completamente aplicables a la población femenina, lo que limita el desarrollo de estrategias terapéuticas verdaderamente personalizadas.
Organismos regulatorios como el National Institutes of Health han implementado políticas para promover la inclusión equitativa de ambos sexos en la investigación. Sin embargo, persisten desafíos en la práctica cotidiana, particularmente en el análisis adecuado de subgrupos y en la interpretación clínica de diferencias por sexo.
Sexo vs. género: una distinción necesaria
Un problema adicional es la confusión conceptual entre “sexo” (variable biológica) y “género” (constructo sociocultural). La utilización imprecisa de estos términos dificulta la interpretación de resultados y su aplicación a poblaciones específicas.
En neurología y psiquiatría, donde interactúan factores hormonales, genéticos, inmunológicos y psicosociales, esta distinción es crucial para avanzar hacia una comprensión más precisa de los trastornos mentales y neurológicos.
Hacia una investigación más inclusiva
Los sesgos históricos en la investigación clínica han comprometido la calidad y aplicabilidad de la evidencia científica para las mujeres. Superarlos requiere:
- Inclusión equitativa de ambos sexos en estudios clínicos y preclínicos.
- Análisis y reporte sistemático de resultados estratificados por sexo.
- Claridad conceptual en el uso de “sexo” y “género”.
- Integración de variables hormonales, inmunológicas y sociales en el diseño de estudios.
Avanzar en esta dirección no es únicamente una cuestión de equidad, sino de rigor científico. La medicina de precisión exige comprender cómo las diferencias biológicas y sociales influyen en la salud cerebral. Solo así podremos ofrecer diagnósticos más exactos y tratamientos verdaderamente personalizados en neurología y psiquiatría.