El sistema dopaminérgico mesolímbico, especialmente el estriado ventral (incluyendo el núcleo accumbens), es fundamental para la anticipación y experiencia de recompensa y placer, mediando tanto los componentes motivacionales (“wanting“) como los hedónicos (“liking“) del afecto positivo.
Los llamados “puntos calientes hedónicos” (hedonic hotspots) dentro del núcleo accumbens y el pálido ventral son especialmente críticos para generar respuestas placenteras. En estos procesos participan mecanismos opioides y GABAérgicos, los cuales contribuyen al placer consumatorio de manera independiente de la dopamina.
La corteza orbitofrontal (COF) y la corteza prefrontal ventromedial (CPFvm) son regiones corticales esenciales para la representación y valoración de los estados afectivos positivos. Estas áreas integran información sensorial, interoceptiva y contextual para asignar valor a los estímulos gratificantes, y así guiar la toma de decisiones y la regulación emocional.
En particular, la CPFvm está implicada en la transformación de experiencias negativas en significado positivo, participando en procesos de reencuadre positivo (positive reappraisal) y modulando las respuestas afectivas mediante su interacción con el estriado ventral y la amígdala. Estudios de neuroimagen funcional muestran que el reencuadre emocional exitoso se asocia con una mayor actividad y conectividad entre la CPFvm, el estriado ventral y las regiones dorsolaterales/dorsomediales de la CPF, apoyando su papel en la amplificación del afecto positivo.
Las estrategias de regulación emocional que aumentan el afecto positivo —como el desplazamiento atencional, el cambio cognitivo y la modulación de la respuesta emocional— reclutan consistentemente la CPF (incluyendo las subregiones dorsolateral, dorsomedial y ventromedial), así como la corteza cingulada anterior (CCA) y el estriado ventral.
Dentro de estas estructuras, la CCA subgenual (CCAsg) actúa como un centro integrador indispensable que conecta el control cognitivo (CPF) con el procesamiento emocional (amígdala), facilitando una modulación descendente (top-down) de las respuestas emocionales durante la activación de emociones sociales positivas. Este control descendente es esencial para una regulación emocional adaptativa y se ve influido por diferencias individuales en ansiedad y supresión emocional.
La CPF medial (CPFm) ejerce un control regulador sobre los circuitos subcorticales de recompensa, modulando la expresión de conductas orientadas a la recompensa y las respuestas hedónicas. Un aumento en la actividad de la CPFm puede suprimir las respuestas del cuerpo estriado ante la estimulación dopaminérgica y reducir los comportamientos motivados por recompensa, proporcionando una base neurobiológica para el papel dual de la CPF en la facilitación e inhibición del afecto positivo, con implicaciones relevantes en la anhedonia presente en diversos trastornos psiquiátricos.