Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría
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Día Mundial de las Enfermedades Crónicas

Esclerosis Múltiple: la principal causa de discapacidad de origen neurológico en adultos jóvenes (excluyendo traumatismos)

La esclerosis múltiple (EM) es la causa más común de discapacidad neurológica no traumática en adultos jóvenes. Su prevalencia varía ampliamente entre regiones, con tasas que oscilan entre 5 y 300 casos por cada 100,000 habitantes, siendo más altas en América del Norte y Europa. Se estima que más de 2 millones de personas en el mundo viven con EM, y se estima que 900,000 de ellas se encuentran en Estados Unidos.

La enfermedad suele aparecer entre los 20 y 40 años de edad, con una clara predominancia femenina (proporción mujer:hombre de aproximadamente 3:1).

¿Qué ocurre en el sistema nervioso central?

La EM es un trastorno autoinmune crónico caracterizado por desmielinización inflamatoria y daño axonal dentro del sistema nervioso central (SNC). El proceso inicia cuando linfocitos T autorreactivos atraviesan la barrera hematoencefálica, reconocen antígenos de la mielina y desencadenan una cascada inflamatoria que involucra macrófagos, células B y citocinas proinflamatorias.

Esto provoca un cambio en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, inflamación, desmielinización y, en algunos casos, pérdida axonal irreversible, responsable de la discapacidad permanente que puede desarrollarse con el tiempo.

Síntomas visibles e invisibles

Los síntomas más comunes al inicio incluyen:

• Neuritis óptica unilateral (pérdida visual en un ojo)
• Mielitis transversa parcial (debilidad o pérdida sensorial en las extremidades)
• Parestesias y otras alteraciones sensoriales
• Síndromes del tallo cerebral (diplopía, oftalmoplejía internuclear, ataxia)

Además, existen síntomas invisibles, difíciles de detectar en la exploración neurológica, pero altamente prevalentes y discapacitantes:

• Deterioro cognitivo (déficits en atención, memoria y funciones ejecutivas)
• Fatiga, uno de los síntomas más comunes e incapacitantes
• Depresión y ansiedad, frecuentes y a menudo independientes de la carga lesional visible en la resonancia magnética
• Dolor, trastornos del sueño y disfunción sexual

Estos síntomas pueden preceder o evolucionar de forma independiente al deterioro físico evidente.

Variaciones diarias y fenómeno de Uhthoff

Las personas con EM suelen experimentar fluctuaciones diarias en su funcionalidad, que pueden empeorar temporalmente con factores como el calor, infecciones, estrés o fatiga. Estas exacerbaciones no representan recaídas reales.

Un ejemplo clásico es el fenómeno de Uhthoff, en el que se agravan síntomas neurológicos (especialmente visuales) tras un aumento de la temperatura corporal (ej. ejercicio, baño caliente, fiebre). Esta exacerbación es transitoria y reversible una vez que se normaliza la temperatura, y no implica nueva actividad inflamatoria.

Impacto en la calidad de vida

La EM ejerce un impacto profundo y multifactorial sobre la calidad de vida (CV), que evoluciona conforme avanza la enfermedad. Este deterioro se debe a la interacción de múltiples factores físicos, cognitivos, emocionales y psicosociales:

• La discapacidad física, medida por la EDSS, se relaciona directamente con una menor independencia funcional y mayor deterioro percibido en la salud.
• La fatiga se reporta como el síntoma que más afecta la CV, incluso más que la discapacidad física.
• El deterioro cognitivo, presente desde fases tempranas, interfiere en el trabajo, las relaciones sociales y la autonomía personal.
• La depresión y la ansiedad son comorbilidades psiquiátricas altamente prevalentes y se asocian a puntuaciones más bajas de calidad de vida, independientemente de la discapacidad física.
• El impacto psicosocial abarca la pérdida de empleo, cambios en los roles familiares, alteración de la identidad personal y preocupación por los seres queridos.

En niños y adolescentes, la EM afecta principalmente el rendimiento escolar y el bienestar emocional, siendo la fatiga un factor determinante.

La evolución clínica es variable

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune y desmielinizante del SNC, con síntomas tanto visibles como invisibles, una evolución clínica variable y con una amplia gama de manifestaciones neuropsiquiátrica. Su impacto en la calidad de vida es variable pero severo, determinado por la discapacidad física, la fatiga, el deterioro cognitivo, los síntomas afectivos y los desafíos psicosociales que implican las enfermedades crónicas.

REFERENCIAS

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Enfermedad de Parkinson (EP): el segundo trastorno neurodegenerativa más común

La enfermedad de Parkinson (EP) es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente después del Alzheimer, con una prevalencia global estimada entre 1 y 2 por cada 1,000 personas en la población general y entre 1 % y 3 % en personas mayores de 60–65 años, superando el 2 % en adultos mayores de 65 años.

¿A quién afecta con mayor frecuencia?

La prevalencia de la EP aumenta con la edad y es más común en hombres que en mujeres, con una proporción hombre:mujer que varía de 1.2:1 a 1.5:1. Aunque la EP puede afectar a personas de todas las etnias, algunos estudios han observado una mayor prevalencia en poblaciones blancas e hispanas en comparación con poblaciones africanas o asiáticas. Sin embargo, estas diferencias podrían reflejar desigualdades en el acceso al sistema de salud y en los criterios diagnósticos.

Factores de riesgo

El principal factor de riesgo para desarrollar Parkinson es la edad avanzada. Otros factores incluyen:

• Sexo masculino
• Exposición a pesticidas
• Vivir en zonas rurales
• Antecedentes familiares de Parkinson y mutaciones genéticas específicas (como en los genes LRRK2, GBA1 y SNCA), aunque estas causas genéticas representan solo entre el 5 % y el 15 % de los casos.

En la mayoría de los pacientes, la causa sigue siendo idiopática.

Síntomas motores clásicos

La enfermedad de Parkinson se caracteriza clínicamente por los siguientes síntomas motores, los cuales suelen comenzar de forma unilateral y progresar a ambos lados del cuerpo:

• Bradicinesia (lentitud de movimiento): requisito para el diagnóstico clínico
• Temblor en reposo, típicamente asimétrico y más notorio en las manos (temblor tipo “cuenta monedas”)
• Rigidez muscular, que puede presentarse como rigidez en rueda dentada o en tubo de plomo
• Inestabilidad postural, que suele aparecer en etapas más avanzadas

Otros signos incluyen dificultades en la marcha (pasos cortos, arrastrando los pies, bloqueos), y hipomimia (pérdida de la expresión facial).

Síntomas no motores: un componente clave

Cada vez se reconoce más la importancia de los síntomas no motores, que pueden preceder a los síntomas motores por años o incluso décadas, y que afectan gravemente la calidad de vida del paciente. Estos incluyen:

• Disfunción autonómica: hipotensión ortostática, estreñimiento, disfunción urinaria y sexual, alteraciones en la regulación de la temperatura
• Trastornos del sueño: trastorno de conducta del sueño REM, insomnio
• Síntomas sensoriales: hiposmia (reducción del sentido del olfato)
• Síntomas neuropsiquiátricos: depresión, ansiedad, apatía, fatiga y deterioro cognitivo, que puede evolucionar a demencia en un 10 % de los pacientes cada año

En fases avanzadas también pueden presentarse dolor, pérdida de peso y alucinaciones visuales, especialmente en pacientes con demencia con cuerpos de Lewy, entidad que se superpone clínicamente con la EP.

La enfermedad de Parkinson abarca una amplia gama de síntomas

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo relacionado con la edad, que incluye tanto manifestaciones motoras como no motoras. Las personas mayores, especialmente los hombres, tienen mayor riesgo, el cual puede incrementarse por ciertos factores genéticos y ambientales. El síndrome clínico se define por bradicinesia, temblor, rigidez e inestabilidad postural, pero también abarca una amplia gama de síntomas no motores que pueden preceder e incluso agravar el cuadro motor.

REFERENCIAS

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La enfermedad de Alzheimer es la enfermedad neurodegenerativa más común a nivel mundial

La enfermedad de Alzheimer es una epidemia silenciosa

La enfermedad de Alzheimer (EA) es el trastorno neurodegenerativo más común y la principal causa de demencia en todo el mundo, representando aproximadamente entre el 60 y el 80 % de todos los casos de demencia. Las estimaciones globales de prevalencia indican que más de 55 millones de personas viven con demencia, y se calcula que entre 30 y 47.5 millones de ellas padecen EA. Se espera que esta cifra aumente sustancialmente conforme envejece la población. En Estados Unidos, se estima que 6.7 millones de adultos viven actualmente con demencia, y se proyecta que esta cifra alcanzará casi los 14 millones para el año 2060.

¿Quiénes están en mayor riesgo?

La EA afecta predominantemente a adultos mayores, con una prevalencia que aumenta notablemente con la edad. La mayoría de los casos son de inicio tardío, es decir, ocurren después de los 65 años, y la prevalencia en personas mayores de 65 se estima entre el 10 % y el 30 %. El riesgo continúa aumentando con la edad, y la enfermedad es más común en mujeres, probablemente debido a su mayor esperanza de vida. La EA de inicio temprano, definida como aquella que comienza antes de los 65 años, es poco común y representa menos del 10 % de los casos. Los factores de riesgo más importantes son la edad avanzada y la presencia del alelo APOE ε4; las mutaciones autosómicas dominantes raras representan solo una pequeña fracción de los casos de inicio temprano.

¿Cómo se manifiesta?

La presentación clínica de la EA se caracteriza por un deterioro progresivo de la función cognitiva, siendo el deterioro de la memoria episódica el síntoma más temprano y prominente. A medida que avanza la enfermedad, los déficits se extienden al lenguaje, las habilidades visuoespaciales, la función ejecutiva y, finalmente, a las actividades básicas de la vida diaria. Los síntomas conductuales y neuropsiquiátricos como apatía, depresión, agitación, irritabilidad, deambulación, trastornos del sueño y cambios de personalidad son comunes, especialmente en etapas moderadas a severas. En fases avanzadas, los pacientes dependen completamente de sus cuidadores para todas las actividades de la vida diaria y pueden perder la capacidad de comunicarse, caminar o alimentarse por sí mismos.

La enfermedad de Alzheimer es distinta del envejecimiento normal

La EA es distinta del envejecimiento normal. Aunque el envejecimiento puede asociarse con olvidos leves o un procesamiento más lento de la información, estos cambios no interfieren con el funcionamiento diario ni con la independencia. En contraste, la EA implica un deterioro progresivo e incapacitante de la memoria y otros dominios cognitivos, afectando finalmente la capacidad de realizar tareas rutinarias y manejar asuntos personales. Es importante subrayar que la demencia, incluida la EA, no se considera una parte normal del envejecimiento.

¿Qué sucede en el cerebro?

Desde el punto de vista neuropatológico, la EA se define por laacumulación de placas extracelulares de beta-amiloide y ovillos neurofibrilares intracelulares compuestos por tau hiperfosforilada, lo que conduce a la pérdida sináptica y neuronal. Estos cambios no se observan en el envejecimiento normal, en el cual puede haber una leve pérdida neuronal, pero no la patología generalizada característica de la EA.

La enfermedad de Alzheimer representa una carga significativa para la salud pública a nivel mundial

La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo progresivo y fatal que afecta principalmente a los adultos mayores, con síntomas característicos de pérdida de memoria y deterioro cognitivo que la distinguen del envejecimiento normal. La enfermedad representa una carga significativa y creciente para la salud pública a nivel mundial, sin que exista actualmente una cura o terapia modificadora de la enfermedad.

REFERENCIAS

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La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas crónicas con mayor impacto a nivel mundial

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos crónicos más prevalentes y con mayor carga global de enfermedad. Se estima que afecta al 0.7% de la población mundial, lo que equivale a aproximadamente 52 millones de personas en 2021, considerando tanto epilepsias idiopáticas como secundarias. La prevalencia ajustada por edad alcanza los 658 casos por cada 100,000 habitantes, de los cuales 307 corresponden a epilepsia idiopática y 350 a epilepsia secundaria.

La carga de la enfermedad es mayor en países de ingresos bajos y medios

Más del 80% de los casos prevalentes, incidentes, fatales y de años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) ocurren en países de ingresos bajos y medios, donde las brechas en diagnóstico, tratamiento y acceso a servicios especializados son especialmente pronunciadas. Esta desigualdad representa un reto sustancial para los sistemas de salud pública a nivel global.

Discapacidad y mortalidad

La epilepsia no solo se asocia con convulsiones recurrentes, sino también con una carga significativa de discapacidad. La tasa global de DALYs ajustada por edad es de aproximadamente 178 por cada 100,000 habitantes, siendo más alta en hombres que en mujeres. Si bien las tasas ajustadas de mortalidad y DALYs por epilepsia idiopática han disminuido en las últimas tres décadas —gracias a avances terapéuticos y mejoras en la atención en países desarrollados— el riesgo de muerte prematura sigue siendo elevado.

Las causas principales de mortalidad asociada a epilepsia incluyen:

• SUDEP (muerte súbita inesperada en epilepsia)
• Estatus epiléptico
• Accidentes y ahogamientos
• Suicidio

El riesgo es mayor en adultos jóvenes, personas con epilepsia de causa estructural o metabólica, y en quienes presentan crisis no controladas.

Más allá de las crisis: comorbilidades psiquiátricas y físicas

Las personas con epilepsia enfrentan una carga importante de síntomas interictales (fuera de las crisis), incluyendo síntomas neuropsiquiátricos y comorbilidades médicas. Hasta el 50% de los adultos con epilepsia presentan trastornos del ánimo o de ansiedad, especialmente aquellos con alta frecuencia de atención médica.

Otras comorbilidades frecuentes son:

• Hipertensión
• Cefalea crónica
• Trastornos del neurodesarrollo
• Dolor lumbar

Estas condiciones afectan de manera desproporcionada a ciertos grupos raciales y étnicos, y se asocian con un peor pronóstico y mayor utilización de servicios de salud.

Calidad de vida deteriorada

La epilepsia repercute profundamente en la calidad de vida de quienes la padecen. En comparación con controles emparejados, las personas con epilepsia reportan:

• Peores puntuaciones en cuestionarios de calidad de vida
• Mayores limitaciones para realizar actividades diarias o laborales
• Percepción más frecuente de mala o regular salud general

Factores que agravan este deterioro incluyen la polifarmacia, la presencia de comorbilidades psiquiátricas, la baja escolaridad, y la falta de adherencia al tratamiento.

Además, la estigmatización, la discriminación y la pérdida de autonomía (como las restricciones para conducir) incrementan la carga psicosocial, especialmente en contextos de bajos recursos.

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónic, en ocasiones altamente incapacitante

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica con alta prevalencia, elevada discapacidad, mayor riesgo de mortalidad, y un fuerte impacto sobre la salud mental, el funcionamiento físico y la calidad de vida. Su carga es mayor en países de ingresos bajos y medios, así como en pacientes con crisis mal controladas o comorbilidades psiquiátricas.

REFERENCIAS

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Deterioro Cognitivo en Diabetes, Hipertensión, Hiperlipidemia y Sídrome Metabólico

La evidencia actual es contundente: la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión arterial, la dislipidemia y el síndrome metabólico (SM) están todos asociados de forma independiente con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Sin embargo, cuando estos factores coexisten —como ocurre en el síndrome metabólico— el riesgo no solo se acumula, sino que puede ser sinérgico, generando un impacto sustancial sobre la función cerebral a lo largo del tiempo.

Riesgos cognitivos del síndrome metabólico

Diversos estudios de gran escala y metaanálisis han demostrado que el síndrome metabólico se asocia con un mayor riesgo de:

• Demencia de cualquier causa (riesgo relativo [RR] ≈ 1.33)
• Demencia vascular (RR ≈ 2.07)
• Deterioro cognitivo leve o moderado (odds ratio [OR] ≈ 1.38–1.65)

Aunque la relación con la enfermedad de Alzheimer es menos consistente, el riesgo global de deterioro cognitivo aumenta proporcionalmente al número de componentes presentes en el síndrome metabólico.

Repercusiones neuropsiquiátricas de la diabetes

La diabetes es uno de los factores de riesgo más potentes para el deterioro cognitivo. Metaanálisis recientes estiman que:

• Aumenta en un 43% el riesgo de demencia por cualquier causa
• Incrementa en un 43% el riesgo de enfermedad de Alzheimer
• Duplica (91% más) el riesgo de demencia vascular

Tanto la hiperglucemia crónica como los episodios de hipoglucemia contribuyen a la disfunción cognitiva, y cuanto mayor es la duración de la diabetes, más severo es el deterioro. Se ha descrito incluso una entidad clínica particular: la demencia relacionada con diabetes, que se caracteriza por progresión lenta, ausencia de hallazgos típicos en neuroimagen, edad avanzada, niveles elevados de HbA1c, uso intensivo de insulina y duración prolongada de la enfermedad.

Hipertensión y dislipidemia: mecanismos vasculares y neurodegeneración

La hipertensión arterial contribuye al deterioro cognitivo mediante mecanismos vasculares (como la arterioloesclerosis y la enfermedad de pequeños vasos) y procesos neurodegenerativos. Por su parte, la dislipidemia —especialmente la hipertrigliceridemia y los niveles bajos de colesterol HDL— se ha vinculado con un mayor deterioro global y con afectaciones específicas en memoria y funciones ejecutivas.

Mecanismos fisiopatológicos: una red compleja

La fisiopatología del deterioro cognitivo en estas condiciones es multifactorial e involucra:

• Lesión vascular crónica
• Neurodegeneración progresiva
• Resistencia a la insulina en el sistema nervioso central
• Inflamación neuroinmune
• Disfunción metabólica y adipocitaria

Cada componente del síndrome metabólico puede contribuir por vías comunes y específicas: la hipoglucemia e insulinorresistencia en diabetes; la neuroinflamación y el desequilibrio de adipocinas en obesidad; y la microangiopatía en hipertensión. La coexistencia de enfermedad cardiovascular o aterosclerosis periférica amplifica el impacto sobre las funciones cognitivas.

Implicaciones clínicas y estrategias de prevención

Las guías clínicas actuales recomiendan realizar tamizajes cognitivos regulares en adultos mayores con diabetes, así como controlar activamente los factores de riesgo cardiovascular, incluyendo presión arterial y perfil lipídico. Aunque el control intensivo de glucosa o presión no siempre se ha traducido en beneficios cognitivos consistentes, algunos fármacos antidiabéticos —como los agonistas de GLP-1 o los inhibidores de SGLT2— han mostrado efectos prometedores en la preservación de la función cognitiva.

Predictores de deterioro cognitivo

La diabetes, la hipertensión, la dislipidemia y el síndrome metabólico no solo son factores de riesgo cardiovascular, sino también predictores importantes de deterioro cognitivo acelerado. La coexistencia de estas condiciones incrementa significativamente el riesgo de demencia, particularmente la de origen vascular. Es fundamental implementar estrategias de prevención, detección temprana y manejo agresivo de estos factores para preservar la salud cerebral a largo plazo.

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Manifestaciones neuropsiquiátricas de las enfermedades crónicas más comunes

Las enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la hiperlipidemia, el síndrome metabólico, el cáncer y las enfermedades respiratorias crónicas,se asocian con un amplio espectro de manifestaciones neuropsiquiátricas, que pueden impactar significativamente la morbilidad, la adherencia al tratamiento, la calidad de vida y eldesenlace clínico.

Deterioro Cognitivo

Las quejas cognitivas y el deterioro cognitivo son reportados con frecuencia en estas condiciones. Los datos de revisiones sistemáticas indican que los adultos mayores con enfermedades cardíacas, hipertensión, hiperlipidemia y enfermedades pulmonares crónicas presentan una mayor prevalencia de quejas cognitivas subjetivas en comparación con quienes no padecen estas enfermedades, con evidencia que sugiere una relación dosis-dependiente entre la multimorbilidad y los síntomas cognitivos. Sin embargo, la trayectoria longitudinal y la relación con el deterioro cognitivo objetivo aún no se han caracterizado completamente.

Depresión y Ansiedad

La depresión y la ansiedad son comorbilidades neuropsiquiátricas altamente prevalentes en enfermedades crónicas. Estudios a gran escala demuestran que la depresión es significativamente más prevalente en pacientes con enfermedades crónicas no transmisibles, particularmente el cáncer (hasta un 67%), la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y los trastornos respiratorios crónicos, en comparación con personas sanas. La ansiedad también está sobrerrepresentada en estas poblaciones de pacientes, aunque la magnitud varía según la enfermedad. Estos síntomas psiquiátricos a menudo pasan desapercibidos y pueden afectar negativamente el manejo de la enfermedad y el pronóstico. En la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la depresión y la ansiedad son especialmente comunes, con tasas de prevalencia consistentemente más altas que en la población general. Estos trastornos están influenciados por factores como el aislamiento social, las limitaciones físicas y el temor a las exacerbaciones, y pueden empeorar los desenlaces de la enfermedad y la calidad de vida.

Delirium

El delirium es una complicación reconocida en enfermedades cardiovasculares graves, particularmente en entornos de atención aguda. Refleja una disfunción cerebral difusa y se asocia con mayor morbilidad y mortalidad. El delirio puede ser precipitado por descompensaciones agudas, alteraciones metabólicas o efectos de medicamentos.

Trastornos del Sueño

También se observan con frecuencia trastornos del sueño, especialmente en enfermedades respiratorias crónicas como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), donde frecuentemente coexisten con depresión, ansiedad y otros síntomas neuropsiquiátricos. Las alteraciones del sueño pueden empeorar aún más los síntomas cognitivos y del estado de ánimo.

Otras Manifestaciones Neuropsiquiátricas

Los eventos cerebrovasculares (por ejemplo, accidente cerebrovascular isquémico, ataque isquémico transitorio), son más comunes en pacientes con enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas. Estos eventos pueden llevar a un deterioro cognitivo persistente, trastornos del estado de ánimo y, en algunos casos, a condiciones neurodegenerativas como la demencia y la enfermedad de Parkinson, particularmente a medida que los pacientes envejecen.

Los mecanismos fisiopatológicos subyacentes a estas manifestaciones neuropsiquiátricas incluyen la activación del sistema nervioso simpático, del sistema renina-angiotensina y del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, así como alteraciones en la función endotelial, las vías inflamatorias y el procesamiento emocional en el sistema nervioso central (particularmente a través de la amígdala). La relación bidireccional entre enfermedad crónica y síntomas neuropsiquiátricos está bien establecida, y cada uno exacerba el curso del otro, lo que complica su manejo.

Las Manifestaciones Neuropsiquiátricas son Comunes en las Enfermedades Crónicas

Las manifestaciones neuropsiquiátricas de las enfermedades crónicas abarcan quejas cognitivas, depresión, ansiedad, delirio, trastornos del sueño y un mayor riesgo de condiciones cerebrovasculares y neurodegenerativas. Estos síntomas son comunes, multifactoriales y requieren estrategias de manejo integradas para optimizar los desenlaces del paciente.

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