Se caracteriza por crisis epilépticas múltiples resistentes a fármacos, un electroencefalograma con descargas lentas generalizadas de punta-onda y un deterioro cognitivo progresivo, lo que lo convierte en uno de los síndromes epilépticos más complejos y difíciles de tratar en la infancia.
Los tipos de crisis más frecuentes incluyen crisis tónicas (especialmente nocturnas), atónicas (“drop attacks”), crisis atípicas de ausencia y, en menor medida, crisis mioclónicas y tónico-clónicas generalizadas. El deterioro cognitivo y los trastornos conductuales son comunes y suelen progresar con el tiempo.
En cuanto al tratamiento, LGS es notoriamente refractario y requiere un enfoque multimodal. El ácido valproico sigue siendo considerado el tratamiento de primera línea, aunque no está específicamente aprobado para LGS por la FDA, y suele combinarse con otros fármacos como lamotrigina o clobazam. En Estados Unidos, existen ocho medicamentos aprobados por la FDA para el tratamiento de las crisis asociadas a LGS: clonazepam, felbamato, lamotrigina, topiramato, rufinamida, clobazam, cannabidiol y fenfluramina. Clobazam (Sympazan) y cannabidiol (Epidiolex) están aprobados como tratamiento adyuvante en pacientes pediátricos. Fenfluramina (Fintepla) es uno de los tratamientos aprobados más recientes por la FDA para LGS en pacientes desde los 2 años.
Entre los tratamientos emergentes y recientes, destacan:
• Fenfluramina, con evidencia de reducción significativa de crisis, especialmente las de caída (“drop attacks”).
• Cannabidiol, aprobado por la FDA, con eficacia demostrada en ensayos controlados para reducir la frecuencia de crisis.
• Nuevos antiepilépticos como perampanel, brivaracetam, cenobamato y ganaxolona han mostrado resultados prometedores en estudios observacionales y ensayos clínicos, aunque no todos están aprobados específicamente para LGS; cenobamato, por ejemplo, está aprobado para crisis focales en adultos, pero estudios recientes sugieren eficacia en LGS.
• Stiripentol y ganaxolona se están investigando como opciones adicionales, con datos preliminares favorables.
Las terapias no farmacológicas incluyen la dieta cetogénica y variantes, que pueden ser útiles como complemento. Las estrategias de neuromodulación, como la estimulación del nervio vago (VNS), estimulación cerebral profunda (DBS) y neuroestimulación responsiva (RNS), han demostrado tasas de respuesta del 50-60% en reducción de crisis en pacientes refractarios, aunque el impacto sobre la cognición y la calidad de vida es variable. La cirugía paliativa, como la callosotomía, sigue siendo una opción en casos seleccionados, y técnicas mínimamente invasivas como la ablación con láser guiada por resonancia magnética (MRgLITT) están en desarrollo.
En resumen, el manejo de LGS requiere un enfoque individualizado, combinando fármacos antiepilépticos aprobados y emergentes, intervenciones dietéticas y opciones quirúrgicas o de neuromodulación según el perfil del paciente y la respuesta terapéutica.